La lucha de partidos y el proceso del rey (septiembre de 1792-enero de 1793)
La Convención, en cuanto nueva Asamblea constituyente elegida por sufragio universal, sólo ella representaba a la nación, detentando todos los poderes. La Comuna de París, municipalidad insurrecta, tenía que borrarse ante la representación nacional. Lo comprendió y se reprimió, llegando incluso hasta desautorizar a su comité de vigilancia. La conclusión de la lucha de partidos sólo dependía de la Gironda, que dominaba en la Convención. Los montañeses, en realidad, no se sentían con fuerzas y multiplicaron las proposiciones en los primeros días. Marat anunció en su periódico el 22 de septiembre que seguiría una nueva marcha. Danton intentó un acuerdo con Brissot.
La tregua de partidos tuvo poca duración. Se manifestó en la unanimidad con que se tomaban las decisiones importantes. En el transcurso de la primera reunión, la Convención se mostró unánime en cuanto a desautorizar al mismo tiempo la dictadura y la ley agraria, tranquilizando así a los propietarios y a demócratas.
“No puede haber más Constitución que la aceptada por el pueblo; las personas y las propiedades están bajo la protección de la nación”.
La Convención aceptó, asimismo por unanimidad, la abolición de la realeza el 21 de septiembre de 1792; Collot d’Herbois hizo la proposición. Grégoire la apoyó: “Los reyes son en el orden moral lo que los monstruos son en el orden físico; las cortes reales son el taller del crimen, el hogar de la corrupción y el cubil de los tiranos; la historia de los reyes es el martirologio de las naciones”. Esa misma tarde se proclamó el decreto en París a la luz de las antorchas. Roland, en una circular a los cuerpos administrativos, escribió: “Señores, si queréis proclamar la República, proclamad la fraternidad; una y otra son lo mismo”. Al día siguiente, 22 de septiembre, Billaud-Varenne obtuvo que se fechasen desde ese momento los actos públicos como año I de la República.
En fin, el 25 de septiembre, después de un largo debate, la Convención adoptó también unánimemente la célebre fórmula propuesta por Couthon, diputado de Puy-de-Dôme: “La República francesa es una e indivisible”. De este modo rechazaba los proyectos de federalismo que se atribuían a los girondinos. El 16 de diciembre de 1792, completando este decreto, la Convención estableció la pena de muerte contra cualquiera que intentase “romper la unidad de la República francesa o bien desvincular sus partes integrantes para unirlas a un territorio extranjero”.










