Las primeras medidas de salud pública
Las peripecias de la crisis concertaron el impulso de las masas con las medidas revolucionarias.
El tribunal revolucionario había sido creado el 10 de marzo de 1793. Las derrotas de Bélgica habían promovido en París la misma fiebre patriótica, el mismo clamor popular que el avance prusiano produjera en el mes de agosto anterior.
Muchas secciones pidieron la creación de un tribunal de excepción para juzgar a los agentes del enemigo en el interior. Danton volvió a estudiar la proposición el 9 de marzo, preocupado por el recuerdo de septiembre:
“Beneficiémonos de las faltas de nuestros predecesores; hagamos lo que no ha hecho la Asamblea legislativa; seamos terribles para evitar que lo sea el pueblo”.
La Convención decretó el 10 de marzo, a pesar de la Gironda, que pedía la dictadura, la institución de un tribunal de excepción sin apelación ni casación “que sepa de toda acción contrarrevolucionaria, de todo atentado contra la libertad, la igualdad, la unidad, la indivisibilidad de la República, la seguridad interior y exterior del Estado y de todas las conjuras que tiendan a restablecer la realeza”. La Convención se reservaba el nombramiento de los jueces, de los jurados y, sobre todo, la acusación.
Los comités de vigilancia revolucionaria se crearon el 21 de marzo de 1793, después de la derrota de Neerwinden. La Convención generalizó una institución popular que se multiplicaba en las secciones parisinas. En cada comuna o en cada sección, en las grandes ciudades, estos comités tenían encomendada la vigilancia de los extranjeros. Muy pronto ampliaron su competencia, ocupándose de que se entregasen cartas cívicas, del examen de documentos militares, procediendo al arresto de aquellas personas que no tuviesen escarapela tricolor. Fueron encargados de redactar la lista de sospechosos y decretar contra ellos las órdenes de prisión. Constituidos por patriotas seguros y esforzados, generalmente procedentes de los desarrapados, los comités revolucionarios constituyeron una organización de combate frente a los girondinos, los moderados y los aristócratas. Fueron una de las piezas maestras del régimen de salud pública.
Las leyes de los emigrados fueron dosificadas y endurecidas el 28 de marzo de 1793. Se consideraban como emigrados aquellos franceses que, habiendo abandonado el territorio nacional desde el 1 de julio de 1789, no hubiesen entrado antes de la fecha de 9 de mayo de 1792 y pudiesen justificar una residencia continuada en Francia desde esta última fecha. Los emigrados quedaban excluidos a perpetuidad del territorio francés, “muertos civilmente”, y sus bienes, adquiridos por la República. La infracción de la susodicha exclusión estaba castigada con pena de muerte.
El Comité de Salvación fue creado los días 5 y 6 de abril de 1793 para reemplazar al Comité de Defensa General, fundado el 1 de enero, y cuya acción había resultado ineficaz. Compuesto por nueve miembros elegidos en la Convención, y renovable todos los meses, deliberando en secreto, fue encargado de vigilar y de acelerar la acción de la administración, confiada al Consejo ejecutivo provisional. Estaba autorizado a tomar, en circunstancias urgentes, medidas de defensa general. sus resoluciones se cumplían sin demora por el Consejo ejecutivo. Los girondinos, una vez más, pidieron la dictadura. Marat replicó:
“Se ha de establecer la libertad por la violencia, y ha llegado el momento de organizar momentáneamente el despotismo de la libertad para aplastar el despotismo de los reyes”.
Danton entró nuevamente en el Comité al lado de hombres como Barère y Cambon, unidos a la Montaña.
Los representantes del pueblo con misión en los ejércitos quedaron instituidos el 9 de abril de 1793. Ya el 9 de marzo la Convención había delegado a 82 diputados en los departamentos para organizar la leva de 300.000 hombres. El decreto de 9 de abril enviaba a tres representantes del pueblo cerca de cada uno de los once ejércitos de la República. Investidos con poderes ilimitados ejercían
“la vigilancia más cuidadosa sobre las operaciones de los agentes del Consejo ejecutivo, de todos los proveedores y empresarios y de los ejércitos, y sobre la conducta de los generales, oficiales y soldados”.
Descontenta de esta organización, la Convención la revocó el 30 de abril, adoptando un nuevo texto, reforzando incluso los poderes de los representantes en misión en los ejércitos, pero obligándoles a ponerse de acuerdo en cuanto a la marcha de las operaciones. Podían detener a los generales por derecho. Tenían que dirigirse cotidianamente al Comité de Salud Pública, presentándoles el diario de sus actividades y presentar cada semana un informe a la Convención. La Asamblea conservaba la dirección y el control de todos los ejércitos.
A las medidas económicas y sociales en favor de las masas populares siguieron las medidas políticas cuando en abril y mayo acentuóse la lucha entre la Gironda y la Montaña. El curso forzoso del asignado se decretó el 11 de abril de 1793. La práctica del doble precio y el tráfico numerario quedaban prohibidos y se castigaba si se rechazaba al asignado. Un límite o tasa se seguía reclamando con obstinación: el 18 de abril, por las diversas autoridades del departamento de París; el 30, por las secciones del arrabal Saint-Antoine. La Convención cedía el 4 de mayo de 1793, instituyendo un máximo depósito departamental de granos y harinas. Los distritos procederían a su recuento y requisición con el fin de aprovisionar los mercados, fuera de los cuales su comercio estaba prohibido. El 20 de mayo de 1793, por último, la Convención decidió hacer un empréstito forzoso de mil millones sobre los ricos. Para sostener al pueblo unido, la Convención aceptaba medidas circunstanciales que revestían un cierto aspecto de clase. El 8 de mayo de 1793 Robespierre había recurrido a los jacobinos contra los dorados (“culottes dorées”), al “pueblo inmenso de los desarrapados”.
“Tenéis que salvar la libertad; proclamad los derechos de la libertad y desplegad toda vuestra energía. Tenéis un pueblo de desarrapados inmenso, muy puro, muy vigoroso. No pueden abandonar sus trabajos; haced que los paguen los ricos”.










